Cultura Schneider Electric

La vida desde la perspectiva de una ingeniera: Una experiencia en STEM.

Crecí en Venezuela en los años 90’s en una familia de tipo matriarcal y de clase media. Recuerdo la primera vez que le dije a mi mamá que quería ser arqueóloga, ella solo me miro, me sonrió y me dijo: “te vas a morir de hambre, pero la decisión que tomes te apoyaré». Ahí solo tenía 8 años, pero este pensamiento cambio con el tiempo. Mi madre se convirtió en mi modelo a seguir. Ella es ingeniera industrial y de niña me llevaba a su oficina.

Cuando me hice adolescente, entendí que mi mamá trabajaba en proyectos donde se construían edificios, refinerías, subestaciones y hasta conjuntos residenciales completos. Ella tenía personas a su cargo que la respetaban mucho. Su jefe confiaba en ella para tomar decisiones, y eso empezó a llamarme la atención en el mundo de la ingeniería.

Un ejemplo se convirtió en un ideal

Yo quería ser tan importante como mi mamá y ser “jefa” como ella.  El tiempo paso y crecí rodeada de una red de ingenieros (civiles, mecánicos, electricistas e industriales entre otros) creando un interés mayor en mí. Ahora reconozco la importancia de tener roles o modelos a seguir y como estos influyen a largo plazo en la vida de cada uno.

Estaba decidida a ser ingeniera, pero: ¿Cuál ingeniería debía estudiar? Fue entonces cuando descubrí los circuitos eléctricos, en una clase extracurricular en la secundaria llamada “electrónica”. Eran clases prácticas donde armábamos circuitos con resistencias y leds usando baterías.

A mí me fascinaba por lo cual me adentré en temas teóricos cómo: “¿Qué es un electrón?”, hasta resolver circuitos eléctricos aplicando la ley de Ohm. En ese entonces el profesor me decía lo buena que era y en cierta forma esto influyó en mí. Es increíble como los comentarios positivos pueden influir en decisiones a largo plazo y desarrollar a los individuos positivamente.

Puedo decir que el paso por la universidad fue una de las épocas más bonitas y retadoras de mi vida. Recuerdo que los profesores comentaban que en su época (años 70’s y 80’s) no había muchas mujeres y que les sorprendía ver a tantas mujeres en mi generación, éramos alrededor 30 mujeres de 80 alumnos.

Mi primera decepción, fue reprobar circuitos 1. ¿Cómo era esto posible? era una de las materias esenciales en la carrera. Conté con la suerte en los años siguientes de tener la presencia de muchas mujeres como ejemplos a seguir (profesoras, jefas, compañeras, etc) que fueron parte de mi estímulo a seguir con mi carrera.  No falta mencionar que también en la universidad conocí a quien hoy es mi esposo y padre de mi hija.

La experiencia ya en el campo

Mi primera experiencia práctica como estudiante de ingeniera fue el responder a la pregunta: ¿Por qué el sistema eléctrico de una planta completa falló? Para resolverla tuve que realizar un viaje a otro estado para visitar la subestación de la planta Metanol de Oriente.

Era la primera vez que estaba frente de una subestación eléctrica, que veía interruptores de MT, arrancadores, transformadores, etc. Estaba impresionada. Tomamos notas, le hicimos pruebas a los interruptores y arrancadores, revisamos, etc. Luego de estas revisiones y análisis, dimos con la solución. Ahí me sentí más ingeniera que nunca.

Conseguí trabajo bastante rápido en una consultora de ingeniera, allí obtuve la mayor parte de mi experiencia en diseño, administración y ejecución de proyectos. Lamentablemente la situación sociopolítica y económica de mi país (Venezuela) entró en caos y tuvimos que tomar la decisión de emigrar buscando seguridad en otro país. Por suerte, a mi novio, el que es mi actual esposo, le ofrecieron un trabajo en México, el cual aceptó y, poco tiempo después, nos casamos y partimos a México a nuestra nueva aventura.

Un nuevo comienzo en un lugar “desconocido”

Tenía muchas dudas tanto personales como profesionales, no sabía que esperar en el ámbito laboral. Surgieron varias dudas: ¿trabajarán igual? ¿será sencillo conseguir trabajo para una ingeniera eléctrica? ¿les importara que sea extranjera y de Venezuela?

Para mi sorpresa había bastantes vacantes. Fui a varias entrevistas y lo que más me pareció extraño, era que siempre me preguntaban por qué había escogido esta carrera, era extraño ver a una mujer ingeniera eléctrica en el mercado mexicano. Al ver que era prácticamente un “espécimen raro”, tome esto como ventaja y me presentaba con mayor seguridad y confianza en mí misma. Siempre hay alguna situación ajena a nosotros que no podemos controlar y que nos obliga a cambiar de camino planteado, descubriendo que todo ser humano tiene una gran resiliencia.

Conseguí mi primer empleo en México y los desafíos eran bastantes. El lenguaje fue uno de ellos pues, a pesar de que hablamos español, usamos diferentes palabras para determinar los mismos objetos. Esto era muy chistoso al principio, siempre tenia que repetir todo, hasta que aprendí sus palabras y empecé a usarlas como propias. Otra fue en la parte técnica, pues tuve que aprender sus normas, métodos, formas, para sumarlas a los conocimientos que traía de Venezuela. Aunque todos somos latinoamericanos, en esencia somos distintos.

Mi llegada a Schneider Electric

La mejor de las experiencias laborales ha sido en Schneider Electric. Al principio tenía dudas al aceptar el trabajo, era muy diferente a lo que venía haciendo, pues trabajaba en firmas de ingeniería. Me comentaron que tenía que visitar clientes, venderles un producto una idea, un concepto y, a su vez, ayudarlos a especificarlos. Al ser una ingeniera de diseño, acostumbrada hacer cálculos, planos, documentos, etc, nuevamente veía un nuevo reto, una nueva experiencia y crecimiento.

Pero todo ha resultado mejor de lo esperado.  Con el apoyo de mis compañeros, la guía y consejos de mis jefas (todas mujeres a la fecha), he logrado desarrollar otras habilidades comerciales. Esto, combinado con mi experiencia en ingeniería, ha logrado dar valor a otros (clientes, proveedores, asociados, etc.) ganando respeto y confianza, indiferentemente del género. Aunque hay que reconocer que todavía muchos se sorprenden al conocerme.

Ahora que soy mamá, me enfrento a nuevos miedos, retos, éxitos y fracasos. Por supuesto que tenía y tengo mis dudas, sobre todo al ser mamá y al mismo tiempo dedicarme a lo que me apasiona al 100%. Poco a poco todo ha agarrado su cauce y ha balanceado mis tiempos de ser mamá y el tiempo que dedico en ser profesional. Sin duda alguna nunca dejare de ser ingeniera y ejercer mi profesión que amo.

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