Cultura Schneider Electric

Aprender es el trabajo

En un entorno altamente complejo, con tecnologías madurando y apalancándose las unas sobre las otras, la inquietud y la determinación por seguir aprendiendo se ha convertido en una de las capacidades más valoradas y que más estamos teniendo en cuenta en las empresas y organizaciones. Buscamos a personas que tengan una curva infinita de aprendizaje.

Pero ya no solo se trata del perfil que necesitas tú como empresa. Cada vez más, estamos viendo que el talento más demandado, a la hora de elegir dónde trabajar, tienen muy en cuenta que el entorno favorezca y apueste por este aprendizaje continuo. Que puedan contar con un ecosistema enriquecedor de compañeros y partners, que alimenten esta curiosidad y de los que puedan seguir aprendiendo y, en especial en perfiles altamente digitales, poder tener acceso a las últimas tecnologías.

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La importancia de la curiosidad y del apetito por aprender y desarrollarse

Erróneamente, son muchas las personas que piensan que la vida “académica” se acaba una vez finalizada la carrera o el grado formativo.  Antes aprendías a hacer un trabajo, mientras que ahora aprender es el trabajo.

El Foro Económico Mundial en su informe “Future of Jobs” apuntaba que, en 2025, a medida que la tecnología avance, el 50% de los empleados habrán tenido que aprender nuevas capacidades para adaptarse a los nuevos requerimientos.

Desaparecerán trabajos de baja especialización, pero se crearán más puestos en general, hasta 97 millones, y entre las competencias que más se demandarán encontramos el pensamiento analítico y crítico, el aprendizaje activo, la resiliencia, flexibilidad y tolerancia al estrés, la creatividad y por supuesto, el uso de tecnología y la capacidad de desarrollar y programar tecnología.

La democratización de la información – que no del conocimiento y es que, como apunta un compañero, el conocimiento es la reflexión de la información- ha hecho que sea mucho más sencillo desarrollarte a ti mismo.

El propio entorno de trabajo es un lugar idóneo para aprender, en el que recibimos continuos estímulos y posibilidades para aprender. Sin embargo, a veces estamos tan ocupados con “tareas” que simplemente no lo priorizamos. No encontramos el momento. Error.

Tú plan de carrera no está escrito

Como muchos, en su momento y, quizás, influenciado por la etiqueta de estar en una carrera técnica, pensaba que mi “vida profesional” sería también una vida “técnica”. Ingeniero en telecomunicaciones. Qué lejos estaba de lo que está siendo.

En las propias prácticas, descubrí el mundo comercial y lo importante que era estar cerca del cliente para desarrollar mejores productos, soluciones… También descubrí que uno de mis grandes retos era desarrollar mis capacidades de liderazgo.  De una formación técnica, a una función de ventas, marketing, vuelta a ventas y, hoy, en la función de Personas.

El plan de carrera de cada uno no está escrito. De hecho, el concepto de plan de carrera en el que, para llegar a la posición Z antes tenías que haber pasado necesariamente por la posición X e Y, es un concepto propio del pasado.

Hoy hablamos de plan de desarrollo, de ir incorporando a cada paso nuevos conocimientos, experiencias, trabajando nuevas capacidades que te permitan ser un profesional más completo. La consecuencia de este plan de desarrollo es tu plan de carrera.

Y es que, en este contexto de cambio continuo, como decía Lewis Carrol en “Alicia en el país de las maravillas”: “Para quedarte donde estás tienes que correr lo más rápido que puedas. Si quieres ir a otro sitio, deberás correr, por lo menos, dos veces más rápido”.

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Aprender implica desaprender. Aferrarte a lo que te ha permitido estar donde estás, es también lo que te puede frenar para llegar donde quieres. Y desaprendemos cuando miramos las cosas desde una perspectiva distinta. Aquí de nuevo es importante la diversidad en la empresa y de los entornos de confianza, en los que las personas se sientan seguras para compartir su perspectiva: son la mejor garantía para evitar tus puntos ciegos.

Pero aprender, a menudo, también significa reaprender. Ver cuáles son tus fortalezas, como puedes adaptarlas a un determinado contexto, como puedes usarlas en otras situaciones, llevártelas fuera de tu día a día.

Aprender, sin embargo, no es asistir a un curso. Bueno, permitidme que lo reformule de forma distinta: aprender no es únicamente ir a un curso. Y quizás aquí está la clave de por qué fallaban muchos de los programas de formación que tradicionalmente hemos planteado desde las empresas.

A las pocas horas de haber asistido a un curso ya solo recordamos el 50% del contenido. Al cabo de un par de días, lo que recordamos es prácticamente nada. Necesitamos un aprendizaje de calidad, exponer y la repetición: aplicar rápidamente en el mundo real lo que hemos aprendido.

Un 10% es formación, un 20% exposición y un 70% experiencia. Nosotros además decimos que dentro de esta “experiencia” necesariamente tiene que existir la reflexión y “compartir” el aprendizaje. Y es que si somos capaces de sintetizar los resultados de nuestras experiencias, de buscar los porqués y compartirlos, no solo estaremos arraigándolos de forma más profunda, sino que estaremos multiplicando el conocimiento en nuestra organización que a su vez nos enriquecerán con las suyas.

Como profesionales, un buen punto de partida es compartir y hablar sobre nuestros propios objetivos de desarrollo, de las áreas en las que hemos identificado que tenemos una necesidad de desarrollo o que estamos aprendiendo que nos está generando curiosidad y nuestras experiencias.

Nadie puede predecir cómo será nuestra carrera mañana, o cómo será nuestro sector en 5 o 10 años. Aprender y continuar aprendiendo nunca había sido una apuesta tan segura como hoy. Como dice el cártel que nos da la bienvenida en la recepción de nuestras oficinas, cuando coges las riendas del aprendizaje, eres imparable.

 


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