Energías renovables

Resiliencia y unión: de vuelta a lo básico

Nuestro mundo se enfrenta a una prueba inesperada. Mientras todos buscamos colectivamente una manera de vencer la situación actual, reflexiono sobre lo que ha cambiado en nuestro mundo y cómo nuestras percepciones e interacciones se están moldeando a partir de esta nueva realidad. Este momento único en la historia nos recuerda los fundamentos de la vida humana.

La confianza lo es todo

La crisis actual desafía nuestra noción de confianza. Nos empuja a vernos los unos a los otros como una amenaza, y nuestra respuesta frente a esto es mantener la distancia. Pero al mismo tiempo tenemos una confianza generalizada en nuestra sociedad. Confiamos en que cada uno de nosotros promulgará el mismo comportamiento social para contener la propagación de la enfermedad. Tenemos la seguridad de contar con especialistas en el área de la salud y en la industria alimentaria, sin el tiempo ni la capacidad necesarias para verificar sus procedimientos de seguridad.

Estamos seguros de que podemos confiar en las organizaciones para suplir las necesidades básicas de la vida: el agua y la energía. Confiamos en que nos adaptaremos a las órdenes cambiantes de las autoridades. Confiamos en que todos cumplimos nuestra parte en la sociedad, con honestidad y rigor.

En nuestra nueva vida diaria, estamos obligados a confiar más porque ya no podemos verificar ni controlar. Compartimos información de manera más transparente ya que nos enfrentamos al mismo desafío urgente. Toleramos los errores más que antes y nos centramos en soluciones en lugar de señalar las fallas. Nos damos cuenta de que esto hace que las funciones de todos sean más eficientes y satisfactorias. Probablemente descubriremos que muchas de las cosas que hacíamos podrían hacerse de manera diferente o tal vez, podrían no hacerse más. La crisis rompe los muros y construye puentes más fuertes; trayendo al mismo escenario la esfera pública y la privada, poniendo a los competidores a colaborar para intensificar la fabricación o el abastecimiento de equipos médicos.

El desafío es derrotado por la inmensidad del reto que debemos enfrentar juntos. La única salida es con confianza, en tiempos que la socavan.

Todos necesitamos del otro

Todos tenemos un rol

Redescubrimos cuán interconectada está nuestra sociedad. Asumimos nuestra misión bajo nuevas condiciones con la flexibilidad de apoyar a nuestra comunidad con los recursos disponibles.  Profesionales médicos al frente de la situación, maestros que educan remotamente a la próxima generación, operadores de redes críticas de energía y agua, recolectores de basura y trabajadores de supermercados. Todos dando lo mejor de sí mismos para mantener el mundo en funcionamiento y, a excepción de los más vulnerables, todos debemos aportar. En Schneider Electric tenemos la responsabilidad de garantizar la continuidad del servicio 24/7 de las industrias críticas, en todos los países y comunidades en las que operamos. En hospitales, centros de datos, grids, plantas de agua y cadenas de frío de alimentos y productos farmacéuticos. Nuestra misión es asegurarnos de seguir nuestro lema slogan y garantizar que #LifeIsOn en todas partes, para todos y en todo momento. Y eso es posible porque nuestra gente sigue fabricando, nuestros equipos de oficina siguen respondiendo y nuestros equipos de servicio siguen atendiendo.Más allá de nuestro propio vecindario, todos somos más conscientes de la interdependencia. Los proveedores, fabricantes y clientes abren libros y se comunican para garantizar la continuidad del servicio juntos. Las relaciones tensas se vuelven mucho más colaborativas cuando todos nos damos cuenta de que nos necesitamos mutuamente para mantener vivas las operaciones.

Es el tiempo de la gente

La gente muestra su verdadero ser durante las situaciones de crisis. Me conmueve y sorprende ver la energía, la creatividad, el compromiso y la determinación de tantas personas, y sus propuestas y soluciones para enfrentar desafíos inesperados. Vemos que la solidaridad y el altruismo se desarrollan en muchos lugares. En Schneider Electric, los equipos trabajaron con algunos socios para desarrollar ventiladores, asegurar nuevas y seguras estaciones de trabajo garantizando la continuidad del servicio, contribuir rápidamente a la construcción de nuevos hospitales y financiar proyectos de ayuda comunitaria. Todo esto se inició espontáneamente y se ejecutó ingeniosamente en poco tiempo a nivel local.

Es tiempo de lo local

La crisis reconoce la importancia de lo local. Cada país tiene unas circunstancias particulares, un contexto y una cultura que afectan lo que ocurre. No hay un impacto o respuesta global única para todos. Y esta respuesta necesita una fuerte coordinación con las autoridades locales y los ecosistemas, a veces por país, por ciudad o incluso por sitio. Somos conscientes de que el empoderamiento local y la madurez de las organizaciones de nuestro país son clave para una adaptación rápida en esta situación. Y en tiempos como este, es esencial confiar y empoderar a las personas locales en las decisiones.

Es tiempo de hacer

La urgencia de la amenaza nos enfoca en soluciones: las personas pragmáticas marcan la diferencia. Los líderes emergen. Nos damos cuenta colectivamente de que no estábamos lo suficientemente preparados. Como recordó el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, «vas a la guerra con lo que tienes, no con lo que necesitas». Usamos el tiempo para evaluar opciones y encontrar soluciones con lo que tenemos a la mano, y para encontrar atajos a lo que se necesita con urgencia. No hay tiempo para descansar, no hay tiempo para perder en las críticas. Es hora de actuar.

Estamos experimentando un avance rápido gigantesco en digitalización

¿Fue complicado tener algunas sesionesdigitales en la escuela? Dentro de una semana, todo el programa será digital. Sí bien hay dificultades al trabajar en casa, en Schneider Electric toda la fuerza laboral se reubicó y estuvo operativa en dos días. En una semana, este modelo remoto se convirtió en la nueva normalidad para todos los sistemas.

Las pruebas piloto y los experimentos se están convirtiendo en la corriente principal a medida que avanza la transformación profunda. Los clientes que decidieron estar completamente conectados y monitorear remotamente sus sistemas de energía y procesos ahora tienen una ventaja significativa. Pueden predecir posibles fallas, guiar de forma remota a su personal local para resolver problemas y garantizar condiciones más seguras para sus operadores. La conectividad, el big data y el análisis muestran aún más su valor.Avanzamos rápidamente a un mundo donde es posible lograr mucho más con un nivel de seguridad más alto, mientras desplegamos menos operadores cuando sea necesario. Donde las intervenciones están mucho mejor orientadas o incluso se pueden evitar gracias a lo digital. El audio, el video, el software, el análisis, la Inteligencia Artificial (IA), la Realidad Aumentada (AR) nos permite hacer muchas cosas de forma remota, proporcionando condiciones de operaciones más seguras, mejor capacidad de recuperación y comprensión de los riesgos.

En una prueba de concepto masiva, nos damos cuenta de que la poderosa transformación catalizada por lo digital está en todo lo que hacemos. Lo que es cierto para una empresa también lo es para nosotros individualmente:trabajar, educar, pedir comida a domicilio, proveer consultoría de forma segura, entrenar y mantener contacto con nuestros seres queridos.

En Schneider Electric, en el plazo de una semana, casi todo nuestro servicio de atención al cliente se realizó desde casa. Vivimos en un mundo de reuniones remotas, pero donde el espíritu de equipo está vivo. Por primera vez en 20 años, he estado viviendo en la misma zona horaria por más de 2 semanas seguidas, utilizando solo herramientas digitales para conectarme a los más de 100 países donde operamos. Lo digital nos brinda la oportunidad de permanecer socialmente aislados y a la vez, conectados.

Esto no quiere decir que la conectividad digital no tenga sus propios desafíos. Por supuesto que lo digital necesita ser monitoreado, especialmente en términos de privacidad y equilibrio de la vida, pero es claro que no volveremos a donde estábamos antes.

Tenemos que repensar nuestra resiliencia

Nos damos cuenta de que nuestra vida es vulnerable. Las crisis sucesivas, el riesgo sanitario, los desastres naturales, políticos, económicos o sociales, lamentablemente se han convertido en la nueva norma. Aprender a ser resilientes puede ser nuestra única respuesta.

Primero se trata de comprender nuestras múltiples interdependencias y crear estrategias para reaccionar de manera rápida. No creo en respuestas simples. A nivel local, no podemos producir todo y la globalización llegó para quedarse. Pero bajo la misma luz, la globalización no puede conducir a cuellos de botella.

El aumento de la resistencia significará cadenas de suministro más cortas, más robustas y más locales. Esta búsqueda de resiliencia regional redefinirá las políticas industriales, así como las reglas regionales de competencia y colaboración.

Cabe destacar que la resiliencia es también una cuestión de inclusión. Todos estamos juntos en esta crisis y necesitamos un esfuerzo conjunto para salir de ella. Esto puede darse única y exclusivamente si todos nos sentimos incluidos y hacemos parte del proceso. Las sociedades son más resistentes cuando son verdaderamente inclusivas y menos individualistas.

Esta crisis nos pide que cuidemos de los más vulnerables esta primera fase, pero es aún más importante que cuidemos de ellos una vez lo más crítico haya pasado. Afortunadamente, vemos muchas iniciativas en desarrollo para hacerlo.

La resiliencia también es una cuestión de centrarse en lo que importa. Esta crisis pone los fundamentos en perspectiva. Hay amenazas primarias y temas secundarios. Tanto la pandemia como el cambio climático pertenecen a la primera categoría. Necesitamos ponerlos en la parte superior de nuestra agenda para abordarlos seriamente. Tendemos a posponer las cosas en tiempos normales sobre estos temas, y luego buscamos una respuesta cuando el infierno se está desatando.

Volvamos al sentido común, preparémonos para esas amenazas fundamentales y para atender nuestras prioridades reales: conseguir suficientes camas en los hospitales, obtener los alimentos necesarios, proveer los medicamentos requeridos, garantizar la suficiente energía y electricidad, tener acceso al agua, y contar con suficiente ancho de banda en nuestras redes para seguir comunicándonos. Todos ellos necesarios para garantizar que la vida siga en marcha.

La triste realidad es que no estábamos prestando la atención necesaria a estas prioridades, y este es un duro llamado a lo que debe venir primero.

Seamos lo que elijamos ser

Hay una certeza en esta crisis: con cada decisión que tomamos, moldeamosnuestro destino. La crudeza de este tiempo nos obliga a tomar decisiones más claras y difíciles.

Estamos aprendiendo que podemos tomar decisiones que nunca antes habíamos tomado, que cambiar las reglas históricas es posible en pro de adaptarnos a la realidad, que podemos acelerar el cambio de manera drástica. Por primera vez en una escala global, los gobiernos tuvieron que arbitrar entre proteger a sus ciudadanos o priorizar la economía. Las decisiones y elecciones han variado enormemente de país a país, de estado a estado. Habrá un momento para evaluar qué opciones fueron las más eficientes, solo queda esperar que los futuros diagnósticos se basen en hechos y no en emociones o razones políticas. Esperemos que sea posible aprender de este período y que sigamos la transformación positiva que tuvimos que poner en marcha tan rápidamente.

Ahora que nos hemos dado cuenta del potencial que tenemos, podemos pensar con mayor libertad y de manera más receptiva sobre el mundo que queremos diseñar para nuestros hijos. Entendemos que las condiciones no están dadas para siempre y que el status quo no es una marca para el futuro. Debemos redefinir nuestras prioridades y dónde enfocamos nuestro pensamiento e inversiones. Podemos diseñar un mundo que sea más consciente de la naturaleza y se prepare mejor para los desastres naturales. Un mundo que se preocupe más por lo esencial que por lo superficial. Un mundo que incluya a todos con más resiliencia.

Es por esto que la única forma de salir más fuertes de esta crisis, es hacerlo juntos.


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