Flexibilidad, almacenamiento y microgrids: cómo maximizar el ROI en un sistema eléctrico cada vez más exigente 

La transición energética en España avanza a gran velocidad. El crecimiento de las energías renovables, la electrificación de la movilidad y el auge de nuevas cargas eléctricas como los centros de datos están tensionando las redes eléctricas hasta niveles inéditos, la capacidad de entregar potencia instantánea en un mismo momento es insostenible. En este contexto, los sistemas de almacenamiento, los mecanismos de flexibilidad y las Microgrids se han convertido en herramientas clave para garantizar estabilidad y crear nuevas oportunidades de negocio. 

La regulación existente en España permite con algunos mecanismos como SRAD y las bandas de regulación secundaria monetizan la flexibilidad y mejorar el ROI de los sistemas de almacenamiento. 

El desafío: redes sometidas a un estrés sin precedentes 

Cómo hemos comentado anteriormente no solo en nuestro país sino también a nivel global, la demanda eléctrica crece de forma acelerada. Los data centers, las flotas de vehículos eléctricos y la electrificación de edificios comerciales están acercando la red a su límite. Cuando este crecimiento no está gestionado adecuadamente: 

  • aumentan los costes operativos (mayor coste de restricciones técnicas) 
  • disminuye la calidad del servicio (apagones) 
  • se requieren inversiones costosas en refuerzo de red (Despliegue de nuevas líneas de transporte) 
  • se incrementa el riesgo de instabilidad en periodos pico (consumo pico que saturan las red) 

En España esta situación se agrava por la variabilidad renovable y la limitada interconexión, lo que hace indispensable disponer de más flexibilidad en el lado de los consumidores (demanda).

Flexibilidad en España 

La transición energética está generando una creciente presión sobre las redes eléctricas, lo que obliga a disponer de soluciones que aporten flexibilidad y estabilidad sin recurrir constantemente a costosas ampliaciones de infraestructura. En este contexto, los sistemas de almacenamiento, los mecanismos de flexibilidad como el SRAD (Servicio de Respuesta Activa a la Demanda) y la regulación secundaria (aFRR), las microgrids y el smart charging actúan de manera complementaria para gestionar picos, reducir desviaciones, optimizar el uso de energía y generar nuevas vías de ingresos, permitiendo que tanto utilities como grandes consumidores mantengan la fiabilidad del sistema mientras obtienen beneficios económicos significativos.  

Las baterías destacan por su rapidez de respuesta y su capacidad para integrarse simultáneamente en varios servicios, desde participar en SRAD con ingresos elevados por disponibilidad, hasta ofrecer regulación secundaria automática, todo ello mientras se coordina con una microgrid capaz de modular la energía producida localmente y gestionar grandes ahorros detrás del contador gestionando energéticamente los activos como fotovoltaica, y cargas para reducir la factura eléctrica mensual de tu edificio.  

Al combinar estos mecanismos, un proyecto de almacenamiento maximiza su retorno al aprovechar los máximos vectores de ahorros posibles (revenue stack) pagos garantizados, ingresos variables por activación, arbitraje tarifario, reducción de potencia contratada y estrategias avanzadas de gestión de demanda, todo ello de manera integrada y sin depender únicamente del mercado spot.  

El uso conjunto de sistemas de control inteligentes, BESS y generación renovable permite suavizar cargas, desplazar consumos y coordinar flotas de vehículos eléctricos sin comprometer la red, lo que convierte esta aproximación en un modelo robusto y preparado para momentos de estrés en la red. 

Aunque el marco regulatorio español aún evoluciona y presenta limitaciones, la dirección es clara: la flexibilidad no fósil en el lado de la demanda, será un pilar del sistema eléctrico, y los proyectos que integren almacenamiento con mecanismos de flexibilidad y gestión avanzada del punto de conexión alcanzarán los mejores niveles de resiliencia, eficiencia y rentabilidad. 

Cómo podemos conseguir estos objetivos 

La flexibilidad, los ahorros y la gestión energética a través de Microgrids es la punta del iceberg a nivel de infraestructura y operación necesaria para conseguir nuestros objetivos de sostenibilidad y rentabilidad.  

En muchas ocasiones el estadío de las empresas no es el mismo y por ende las necesidades de renovación o instalación de equipos para conseguir los objetivos es diferente. Lo primero y más importante es la digitalización, sin los datos y la información energética adecuada es imposible determinar cómo usar tu energía, tener datos el primer paso para posteriormente para que un sistema de control tome las acciones necesarias.  

La datos energéticos de un edificio son clave para detectar donde y cuanto estamos consumiendo para detectar eficiencias, realizar un monitoring continuo y tomar decisiones en base a la información recopilada.  

Una vez tenemos toda nuestra infraestructura está digitalizada es cuando con la implantación de sistemas de control utilizarán toda la infraestructura digitalizada para realizar las actuaciones necesarias actuaciones de control sobre los equipos finales como fotovoltaica, almacenamiento y cargas del edificio generando ahorros y participando en los mercados de flexibilidad citados anteriormente.

Conclusión: Cómo se traduce esto en rentabilidad para tu negocio 

La digitalización de toda la infrastucutra del edifico unido con la integración de diversas fuentes de ingresos y mecanismos de ahorro en un proyecto permite maximizar la rentabilidad. Al combinar la participación en servicios de flexibilidad como el SRAD y el aFRR, el aprovechamiento del arbitraje tarifario, la reducción significativa de la potencia contratada mediante peak shaving y el incremento del autoconsumo todo orquestado por software de control, logra que el periodo de retorno de la inversión en proyectos de almacenamiento se reduzca considerablemente. Al aplicar todas estas estrategias de forma conjunta, el payback puede acortarse hasta menos de la mitad respecto a escenarios tradicionales. 

Este es el momento idóneo para invertir, ya que la transición energética se está acelerando, el sistema eléctrico experimenta una creciente volatilidad y los ingresos derivados de la flexibilidad están tomando fuerza. En este contexto, las empresas buscan garantizar su estabilidad, optimizar el ahorro y anticiparse a los cambios regulatorios. 

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