Gestión de la energía/Eficiencia energética

Guía rápida para hablar de «Prosumidores» energéticos, desde cero

El sector eléctrico está encarando una ola de cambios radicales que están desarrollándose día a día delante de nuestros ojos. Nuestro reto como sociedad es limitar el calentamiento global y alcanzar la neutralidad climática, es decir, poder garantizar antes de 2050 las cero emisiones netas de gases de efecto invernadero. Para España, los desafíos y las metas parciales de este viaje hacia la descarbonización completa de todos nuestros sectores económicos son ampliamente conocidas, y pueden consultarse en en el PNIEC (para la estrategia hasta 2030) y en la EDLP (hasta el año 2050).

¿Y por qué es tan disruptiva esta evolución para el sector eléctrico?. Quizás podríamos simplificarlo diciendo que, de forma simultánea, están cambiando tres elementos clave del sistema:

  • El nuevo mix de generación, evolucionando progresivamente hacia una generación 100% renovable, limpia, y totalmente descentralizada. Si lo concretamos en cifras de porcentajes de electricidad generada con fuentes renovables en España serían: 35% (2015); 74% (2030) y 100% (2050).
  • El nuevo patrón de consumo, con un alto impacto en las curvas de demanda derivadas de la electrificación creciente de la climatización y el transporte (E-mobility), y la implantación masiva de autoconsumo solar. Por ejemplo, un solo vehículo eléctrico puede fácilmente duplicar el consumo pico a nivel residencial, pero una carga inteligente será clave para limitar las inversiones necesarias, los impactos en la red y en definitiva para aplanar la curva de carga, ya sea individual o de forma agregada.
  • El nuevo comercio de electricidad y las reglas con las que se intermedia, tendencia derivada de los nuevos modelos de negocio que habilita la digitalización, la revolución de las plataformas y la economía digital: estamos hablando de nuevas oportunidades para la monetización de activos energéticos, cada vez más descentralizados pero a la vez, mejor interconectados; y de conceptos como la venta de energía entre iguales (peer-to-peer energy trading), las comunidades energéticas, la agregación de recursos energéticos, o las Virtual Power Plants. En definitiva se está configurando un gran market-place energético donde tanto la energía, como el dinero y los datos fluirán de forma bidireccional, y esto lo cambia todo.

La buena noticia es que no sólo seremos meros espectadores como hasta ahora: esta revolución energética nos impactará a tod@s -como consumidores de electricidad-, pero a la vez también podremos beneficiarnos de ella. Es decir, podremos monetizarla como «proveedores» de servicios energéticos que antes no existían.

Junto a esas tendencias, la transición energética nos ha regalado también toda una «ensalada» de conceptos y nuevos acrónimos, no siempre sencillos de digerir, que describen muchas veces matices tan sutiles en los nuevos roles del consumidor que pueden pasar incluso desapercibidos para los más especialistas.

Entre todos esos conceptos, la palabra que quizás mejor engloba el nuevo escenario al que nos enfrentamos es la de “prosumidor”. También utilizada como “prosumer” en inglés, es un acrónimo formado por la fusión de las palabras en inglés producer“ (en términos de generación eléctrica) y “consumer“ (en términos de consumidor eléctrico). Siempre hablando por tanto desde la perspectiva de la gestión energética, une en el mismo sujeto a sus dos actividades básicas: la producción y el consumo de energía eléctrica, y engloba en un único término, los diferentes estadios por los que puede ir evolucionando un consumidor y que luego detallaremos. El término podría parecer nuevo, pero fue acuñado por Alvin Toffler (sociólogo y futurista) en su libro de «The Third Wave» hace más de 40 años. Hablar de prosumidores hoy es hablar de poner al consumidor eléctrico en el CENTRO, como pieza clave del nuevo puzle energético al que nos enfrentamos.

Cada uno de estos prosumidores de la futura «red de microrredes» hiperconectada en la que se está transformando la red eléctrica, tendrá capacidad predictiva para maximizar el aprovechamiento del autoconsumo derivado de su generación renovable en sitio, dispondrá de gestionabilidad inteligente de su almacenamiento (habitualmente en baterías) y, por último, flexibilidad dinámica en la gestión de sus cargas; todo ello para consumir energía de manera independiente a la red, compartirla, almacenarla o verterla al sistema de forma inteligente y automatizada, según le interese en cada momento.

¿Y por qué es tan importante la Flexibilidad?

Cuando hablamos de «establidad de la red», hablamos de la obligación técnica que tiene el «Operador del Sistema» (REE en España) de igualar generación y demanda en cada instante, para mantener las condiciones técnicas (tensión y frecuencia) necesarias para garantizar la calidad y seguridad del suministro.

REE como transportista y operador del sistema eléctrico en España (TSO por sus siglas en inglés) es el encargado de garantizar el suministro eléctrico a hogares, empresas y servicios públicos de nuestro territorio. Uno de sus grandes retos, derivados de la alta penetración de generación renovable en el sistema (no gestionable, intermitente y de previsión incierta), será cambiar radicalmente la filosofía del control de estabilidad del sistema: adaptando el consumo a la generación disponible en cada momento, en vez de adaptar la generación eléctrica al consumo de cada instante, como ocurre actualmente.

Por tanto, si escuchamos hablar de «Gestión Activa de la Energía», simplemente se está hablando de esta evolución en la actitud de los consumidores hacia su «autogestión energética«, que será cada vez más y más proactiva. Todo ello responde a un compromiso e intereses dobles: primero en beneficio del propio prosumidor, y segundo, en beneficio de la comunidad:

  1. Minimizando su propia factura eléctrica garantizando a la vez una reducción en su impacto medioambiental derivado de la energía que ya no consume de la red.
  2. Aportando «servicios de flexibilidad» al sistema eléctrico que serán monetizables para el propio prosumidor, pero que además serán imprescindibles para garantizar la estabilidad de la red.

Todo esto va ligado estrechamente a la digitalización de la gestión energética BTM («detrás del contador» – «Behind The Meter«), como respuesta a todos los desafíos mencionados. La Microgrid es el habitador tecnológico capaz de interoperar nuestros recursos energéticos activos y monetizar toda esta filosofía de «prosumidor» de forma automatizada; orquestando la maximización del autoconsumo, la gestión inteligente del almacenamiento, la flexibilidad de las cargas y la interconexión con los mercados en un único sistema.

Desde mi punto de vista, lo más potente quizás de todo este nuevo escenario es el concepto ya mencionado de «proactividad». Resumiendo brevemente la evolución de estos roles, podríamos decir que:

  • Consumidor: Es el agente del Sistema de Energía Eléctrica (SEE) que consume energía eléctrica y paga a los proveedores a través de sus facturas esa energía consumida. Es un rol eminentemente pasivo: consume y paga.
  • Prosumer: Es el agente del SEE que es a la vez consumidor y generador, y puede almacenar electricidad, con una actitud proactiva de sostenibilidad . Sigue pagando a los proveedores a través de sus facturas el resto de energía consumida de la red y puede llegar incluso a proveer otros servicios al sistema. Es un rol eminentemente activo con diferentes estadios evolutivos en su «proactividad» según el grado de compromiso en la descarbonización por parte del prosumidor. Lo podríamos dividir en 3 estadios:
  1. Self-Consumer: Agente del SEE que ha dado el salto a generar total o parcialmente su propia electricidad, principalmente con fuentes renovables, donde la tecnología fotovoltaica gana de calle. Aquí puedes consultar el crecimiento exponencial de estas instalaciones en los últimos años en España.
  2. Prosumager (Producer+Consumer+Storager): Agente del SEE que, además de generar su propia electricidad, ha decidido almacenar parte de la electricidad que genera para gestionarla de forma inteligente.
  3. Flexumer (Flexibility+Producer+Storager+Consumer): Agente del SEE que se flexibiliza (combinación de prosumidores y flexibilidad). Utiliza su consumo de electricidad, así como sus capacidades de generación y almacenamiento, de forma flexible y, por tanto, prestan servicios al mercado (para garantizar el suministro), a la red (servicios de congestión), o al sistema (servicios de estabilidad). Sigue pagando a los proveedores a través de sus facturas la energía que consume pero a la vez recibe ingresos adicionales por esos servicios de flexibilidad prestados.

Es importante remarcar (como se describe en el primer gráfico que ilustra este post) que el despliegue de tecnología necesaria para la implementación de cada uno de estos estadios del prosumidor es diferente, pero es la microgrid la tecnología que habilita de forma transversal y evolutiva, la orquestación de todos sus roles, según las «actidudes» que quiera adquirir el prosumidor en su gestión energética en cada momento.

Si el costo del almacenamiento continúa cayendo, como se espera, cada vez será más habitual que tod@s consumamos, produzcamos y almacenemos energía, a la vez que optimizamos el cuándo y cómo usamos, generamos y almacenamos nuestra energía gracias a gestión inteligente y automatizada de la misma.

Es probable que la proliferación de opciones de nuevos servicios energéticos (Energy as a Service por ejemplo) conduzca a la vez a la estratificación de los consumidores, cambiando la interfaz histórica con las empresas de distribución y comercializadoras eléctricas previamente establecidas. Además, aparecerán nuevos intermediarios (como por ejemplo los «agregadores independientes» que ya contempla nuestra legislación) que dominarán el arte de agregar las cargas, la generación distribuida y el almacenamiento de un gran número de consumidores, convirtiéndolos en centrales eléctricas virtuales (VPP), claves para la estabilidad y optimización de todo el sistema.

Como conclusión, para cumplir los compromisos que como sociedad tenemos con nuestro planeta y frenar el cambio climático es urgente convertirnos todos (como consumidores energéticos) en agentes del cambio. Europa necesita ubicar a los consumidores en el centro de los mercados energéticos con una regulación dinámica centrada en el prosumidor, empoderándolos para que contribuyan activamente y se beneficien de un sistema energético flexible. Hacia ahí irán encaminadas todas las nuevas políticas, normativas y subvenciones de la Unión Europea (CEER 2022-2025 Strategy).

 

Conviértete en prosumidor: el planeta te lo agradecerá.


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