Minuto 85: lo que nadie ve cuando un estadio de fútbol funciona bien

Quedan pocos minutos para que termine el partido. Más de 80.000 personas lo siguen desde las gradas y millones lo hacen desde sus casas. Mientras toda la atención está puesta en el terreno de juego, el estadio está operando al límite.

La demanda eléctrica está en su pico, la climatización de las zonas VIP y de los vestuarios están a pleno rendimiento, los puntos de restauración están funcionando a la vez, miles de cámaras de seguridad activas y un aparcamiento lleno de vehículos eléctricos que esperan salir cargados. Sin margen para el error.

Esa realidad convierte a los estadios en uno de los mejores ejemplos de cómo las infraestructuras están evolucionando gracias a la convergencia entre electrificación, digitalización y automatización. Detrás de cada partido existe una infraestructura que debe coordinar miles de activos en tiempo real.

En realidad, lo que ocurre en los estadios refleja los mismos retos que afrontan hospitales, aeropuertos, centros logísticos, edificios o centros de datos: integrar energía, operaciones y datos para conseguir instalaciones más eficientes, resilientes y sostenibles. En ese contexto, un fallo eléctrico puede afectar a la seguridad de los espectadores, a las retransmisiones internacionales, a la continuidad del evento o a la experiencia de los aficionados. Y a la reputación del estadio, por supuesto.

El estadio ya no es solo un edificio

Los estadios actualmente funcionan como infraestructuras críticas capaces de operar bajo condiciones extremadamente variables.

Durante un partido concentran consumos energéticos comparables a los de una pequeña ciudad. Sin embargo, durante el resto del año siguen funcionando como espacios multifuncionales donde conviven conciertos, congresos, restaurantes, tiendas, museos, visitas guiadas o eventos corporativos. Gestionar esa doble realidad supone todo un reto.

A ello se suma un contexto completamente nuevo. La electrificación de nuevos consumos, el despliegue de puntos de recarga para vehículo eléctrico, la integración de energías renovables, el almacenamiento energético o las nuevas exigencias regulatorias en materia de sostenibilidad están transformando profundamente la forma de diseñar y operar este tipo de instalaciones.

En Schneider Electric abordamos el reto digitalizando cada aspecto del estadio, y unificándolo todo en un único centro de operaciones.

El verdadero reto ya no consiste únicamente en digitalizar cada sistema de forma individual, sino en conectar toda la operación del edificio para que los datos puedan transformarse en decisiones.

En Schneider Electric hablamos de Tecnología Energética precisamente para describir esta nueva forma de entender las infraestructuras. Un enfoque basado en la convergencia entre electrificación, digitalización y automatización, donde la energía deja de gestionarse como un recurso aislado para integrarse con la operación completa del edificio.

Cuatro capas que generan el dato, una capa que lo convierte en decisiones

Un estadio inteligente no se construye a partir de una única tecnología, sino de la integración de múltiples sistemas que generan información de forma continua. Cada uno aporta una parte del conocimiento sobre cómo está funcionando el recinto: desde el consumo energético hasta la ocupación de los espacios, el estado de los equipos o la movilidad de los asistentes.

El valor aparece cuando toda esa información deja de analizarse de manera aislada y pasa a formar parte de una única visión operativa, capaz de convertir los datos en decisiones que mejoran la eficiencia, la resiliencia y la experiencia de los aficionados.

  1. Gestión inteligente del edificio (Building Management System). La climatización, la iluminación y la calidad del aire se ajustan a la ocupación real, no a horarios fijos. En día de partido, confort para 80.000 personas; el resto del año, el edificio «respira» al mínimo necesario. ¿El resultado estimado? ahorros energéticos de doble dígito sin tocar el confort.
  2. Distribución eléctrica inteligente (Smart Panels). Cada cuadro eléctrico se convierte en una fuente de datos: consumos por zona, calidad de suministro, alertas tempranas de sobrecalentamiento o degradación. Se pasa de descubrir los problemas cuando ocurren a anticiparlos, y de una factura eléctrica opaca a saber exactamente qué consume cada uso del recinto: el césped, los videomarcadores, la restauración, los palcos.
  3. Microgrid: generación, almacenamiento y resiliencia. Fotovoltaica en cubierta, baterías y gestión inteligente de la demanda. La microgrid recorta los picos del día de evento (que son los que encarecen la factura), maximiza el autoconsumo el resto del año y, sobre todo, garantiza continuidad: si la red falla en el minuto 89, el estadio no se entera.
  4. Movilidad eléctrica. El aparcamiento deja de ser un coste para convertirse en un servicio y una fuente de ingresos: carga inteligente que se coordina con la microgrid para no disparar la potencia contratada, priorización en días de evento y cumplimiento de las obligaciones de infraestructura de recarga que ya marca la normativa española.

Todo esto genera un volumen enorme de datos. Y aquí está la diferencia entre tener sistemas inteligentes y tener un estadio inteligente.

El Unified Operations Center de AVEVA integra en una única plataforma lo que antes eran pantallas separadas: energía, edificio, seguridad, afluencia de público, gestión de residuos, estado de los activos críticos. Y también todo lo que rodea al espectáculo y que rara vez aparece en los folletos: el riego y el cuidado del césped, la iluminación exterior y ornamental, la operación del parking, las tiendas oficiales, el museo y los tours del estadio.

Cada uno de esos espacios tiene sus horarios, sus consumos, sus flujos de personas y sus incidencias; integrados en la misma plataforma, dejan de ser islas y pasan a formar parte de una única operación. Sobre una columna vertebral de datos industriales (la misma tecnología que utilizan aeropuertos, redes de agua y smart cities en todo el mundo), el operador deja de vigilar sistemas y pasa a gestionar situaciones.

La mejor tecnología es la que nadie percibe

Cuando el árbitro señala el final del partido, los aficionados abandonan el estadio pensando únicamente en el resultado. Nadie comenta si la distribución eléctrica funcionó correctamente, si la climatización se ajustó automáticamente a la ocupación o si un sistema de mantenimiento evitó una avería durante el encuentro. Y ahí reside el éxito de estas infraestructuras.

La mejor tecnología es aquella que permanece invisible porque hace posible que todo funcione con normalidad.

Los estadios que ya están dando este paso no lo hacen por tendencias, sino porque salen los números: menos OPEX energético, nuevos ingresos (recarga, eventos, patrocinios ligados a sostenibilidad), activos que duran más, normativas cubiertas sin sobresfuerzo y una marca que puede contar una historia real de descarbonización que refuerce su reputación.

La buena noticia: no hace falta hacerlo todo de golpe. Se puede empezar por donde más se necesita, y crecer capa a capa hasta el centro unificado de operaciones.

¿Cómo de lejos está tu recinto de operar así? 

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