
Reducción de emisiones de carbono
Probablemente hayas escuchado la palabra circularidad más veces este año que el número de cafés que has tomado (¡y eso ya es decir mucho!). Pero aquí viene el giro: este concepto no es nuevo en absoluto. De hecho, existe desde antes que las hojas de cálculo, PowerPoint… e incluso la idea de la obsolescencia programada. Así que hagamos un breve recorrido por su fascinante historia… y veamos por qué las prácticas circulares están hoy en el centro de cualquier conversación sobre sostenibilidad.
Todo empezó… hace mucho tiempo
Mucho antes de los informes de sostenibilidad y los objetivos ESG, las culturas antiguas ya entendían la vida como un círculo. Las comunidades indígenas comprendían la naturaleza como un sistema cerrado donde todo —incluidos nosotros— se transforma y regresa. Filosofías orientales como el taoísmo y el budismo adoptaban visiones cíclicas del tiempo y de la existencia. ¿Y la naturaleza? Es el sistema circular definitivo: ciclos del agua, del carbono, de los nutrientes… todo funcionando perfectamente sin una sola papelera a la vista.
El desvío lineal
Luego llegó la Revolución Industrial, y pasamos a un modelo completamente lineal: extraer, producir, usar y desechar. Excelente para el crecimiento, no tanto para el planeta. Durante décadas, este modelo impulsó una expansión económica sin precedentes, pero también generó enormes cantidades de residuos y una gran presión sobre los ecosistemas. A mediados del siglo XX empezaron a aparecer las grietas: contaminación, agotamiento de recursos, pérdida de biodiversidad. Surge entonces la gran pregunta: ¿podemos cerrar el ciclo?
El punto de inflexión
En las décadas de 1960 y 1970, visionarios como el economista Kenneth Boulding introdujeron la idea de una economía cerrada con su famosa analogía de la “Nave Espacial Tierra”: imaginar la Tierra como una nave con recursos limitados y sin posibilidad de reabastecimiento (Boulding, 1966). De repente, diseñar productos duraderos, reparables y reciclables dejó de parecer un ideal para convertirse en un plan de supervivencia. Al mismo tiempo, surgió el ecodiseño, desafiando la obsolescencia programada —esa idea de los años 20 de fabricar productos para que fallen antes y compremos más. En los años 90, el término economía circular pasó al primer plano. La Fundación Ellen MacArthur impulsó su adopción global con tres principios: eliminar residuos y contaminación desde el diseño, mantener productos y materiales en uso, y regenerar los sistemas naturales.
¿Dónde estamos hoy?
La circularidad ya forma parte de las políticas públicas, los consejos de dirección y (esperemos) de tu próximo proyecto. La Unión Europea lanzó su primer Plan de Acción de Economía Circular en 2015, marcando el rumbo en diseño de productos, reciclaje y modelos de negocio circulares. China ha integrado prácticas circulares en sus planes nacionales de desarrollo, centrados en la eficiencia de recursos y parques industriales. ¿Y Estados Unidos? El progreso es más fragmentado, con iniciativas que varían según el estado y el sector. América Latina avanza, aunque los datos aún son limitados.
Y aquí la realidad: la tasa global de circularidad es de solo el 6,9% (Circularity Gap Report 2025). Europa lidera con un 11,8%, destacando países como Países Bajos (30,6%), Italia (20,8%) y Malta (19,8%). ¿Otros? Aún tienen trabajo por hacer: Rumanía con un 1,3%, Irlanda con un 2,3% y Finlandia con un 2,4%.
¿Qué viene ahora?
Se esperan grandes cambios. La regulación se endurecerá, la tecnología avanzará y las empresas integrarán la reutilización, la reparación y el reciclaje en su ADN. Piensa en modelos de producto como servicio (Product-as-a-Service), plataformas de reventa y cadenas de suministro impulsadas por IA. La circularidad no solo es buena para el planeta: también es buen negocio. Reduce costes, abre nuevos mercados y aporta resiliencia cuando escasean las materias primas.
Nuestro papel en Schneider Electric
No solo hablamos de circularidad: la vivimos. Desde la reparación y reacondicionamiento hasta modelos de servicio innovadores, ayudamos a nuestros clientes a alargar la vida útil de los productos, reducir residuos y alcanzar sus objetivos de sostenibilidad. Porque el futuro no es lineal. Es circular.
¿Quieres saber más?
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La próxima vez que alguien te pregunte: “¿Cuál es nuestro plan de sostenibilidad?”, puedes sonreír y responder:
“Es simple: el futuro no es lineal. Es circular.”

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